Olivares de Jaén bajo el sol con una masía al fondo

Guía de Jaén: Úbeda, Baeza, Sierra de Cazorla y los Olivares

Jaén es probablemente la provincia andaluza menos conocida y más infravalorada. El turismo masivo la ha ignorado durante décadas, quizá porque no tiene costa, quizá porque no tiene una Alhambra o una Mezquita que salga en todas las listas de maravillas del mundo. El que no va a Jaén se pierde el conjunto renacentista más compacto y mejor conservado de España, el parque natural más extenso del país, y una ciudad capital con un castillo sobre un cerro que recorta el horizonte como un decorado.

Es también la provincia del aceite de oliva. Jaén produce el veinte por ciento del aceite de oliva mundial. Eso significa una de cada cinco botellas de aceite de oliva que se consumen en el planeta sale de esta provincia. Y el paisaje lo refleja: sesenta y seis millones de olivos cubren el territorio en un mosaico interminable de verde plateado que algunos llaman el mar de olivos.

Úbeda y Baeza: el Renacimiento andaluz

Úbeda y Baeza, separadas por solo nueve kilómetros, comparten desde 2003 la declaración de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Son las dos joyas del Renacimiento español fuera de Italia.

La historia de estas dos ciudades en el siglo XVI es un ejemplo perfecto de cómo una élite local con dinero y ambición puede transformar dos villas rurales en centros artísticos de primer orden. La familia Molina y la familia Cobos, secretarios personales de Carlos V ambos, invirtieron sus fortunas en traer a los mejores arquitectos de la época: Andrés de Vandelvira en primer lugar, pero también Diego de Siloé y Alonso de Berruguete.

Úbeda está dominada por la Plaza Vázquez de Molina, un espacio rectangular que concentra cuatro edificios en una lección magistral de urbanismo renacentista. La Sacra Capilla del Salvador, diseñada por Vandelvira en 1540, tiene una fachada plateresca que compite con las mejores portadas de Salamanca. Es prácticamente el Escorial antes del Escorial, financiada por Francisco de los Cobos como panteón familiar. Dentro, la reja de la capilla mayor es de Francisco de Villalpando, el mejor rejero del Renacimiento español.

Frente a la Capilla está el Palacio de las Cadenas (actual Ayuntamiento), también de Vandelvira, con una logia de columnas corintias que recuerda a los palacios florentinos. Y al lado, la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, una iglesia construida sobre una mezquita que a su vez se construyó sobre un templo romano. Tres capas de historia perfectamente visibles si sabes dónde mirar.

Baeza es más pequeña pero igual de hermosa. La Plaza de Santa María reúne la Catedral (antigua mezquita consagrada en 1227), la Fuente de Santa María (que es renacentista pero parece barroca por la acumulación de elementos decorativos) y las Casas Consistoriales Altas, un palacio plateresco con balcones de esquina que es uno de los grandes aciertos de la arquitectura civil andaluza.

La Catedral de Baeza tiene algo insólito: una custodia de plata de más de dos metros de altura, obra del orfebre Gaspar de Ledesma, que se procesiona cada año en la festividad del Corpus. Si coincides con la fecha, merece la pena. Si no, la custodia está expuesta en el museo catedralicio.

Baeza tiene una vida universitaria que Úbeda no tiene — la Universidad de Baeza funcionó entre los siglos XVI y XIX y Antonio Machado dio clases de francés aquí. El Aula de Machado, en el antiguo edificio universitario, conserva el aula tal como estaba cuando el poeta enseñaba en ella.

Para comer, el tapeo en ambas ciudades es generoso. En Úbeda, la calle Real concentra bares con solera. En Baeza, la calle San Francisco y los alrededores de la Plaza del Pópulo. Las especialidades locales son la pipirrana (ensalada de tomate, pimiento verde, cebolleta y huevo duro con un chorro generoso de aceite de oliva de la tierra) y los andrajos (guiso de pasta con bacalao, pimiento rojo y tomate).

La capital: Jaén ciudad

Jaén capital es una ciudad que se sube a un cerro y no se baja. El Castillo de Santa Catalina corona el monte y es el perfil que identifica la ciudad desde kilómetros. Es de época almohade pero muy reformado por Fernando III tras la conquista de 1246. Hoy alberga un parador nacional, que es de los pocos paradores con vistas de trescientos sesenta grados: al oeste, el mar de olivos hasta donde se pierde la vista; al sur, Sierra Nevada recortando el horizonte; al norte, la Sierra de Cazorla.

La Catedral de Jaén es uno de los edificios más ambiciosos del Renacimiento español. Vandelvira (otra vez él) proyectó una catedral que serviría de modelo para las catedrales de América: planta de salón — las tres naves a la misma altura — con pilares corintios exentos y bóvedas vaídas. La fachada principal es barroca, añadida por Eufrasio López de Rojas en el siglo XVII, y tiene una monumentalidad que compensa de sobra la estética recargada.

Los Baños Árabes de Jaén, en los sótanos del Palacio de Villardompardo, son los más grandes y mejor conservados de España después de los de la Alhambra. Construidos en el siglo XI, tienen las tres salas clásicas — fría, templada y caliente — cubiertas con bóvedas de cañón horadadas por lucernas en forma de estrella que crean un juego de luces casi escenográfico. La entrada es gratuita para ciudadanos de la UE.

La Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas

El Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas es el espacio protegido más grande de España — más de doscientas mil hectáreas — y uno de los pulmones forestales de la península. Aquí nace el río Guadalquivir, el gran río de Andalucía que recorre la región hasta desembocar en Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz.

El parque es ideal para senderismo, rutas en bicicleta, paseos a caballo y avistamiento de fauna. Hay ciervos, gamos, muflones, jabalíes y una población estable de quebrantahuesos reintroducida con éxito en los últimos años.

La excursión más clásica es el nacimiento del Guadalquivir, cerca de la aldea de Coto Ríos. No esperes una catarata ni nada espectacular: es un chorro de agua que brota de la roca. Pero hay algo emocionante en estar en el kilómetro cero del río que vertebra toda una región.

El Embalse del Tranco es el mayor lago interior de Andalucía (en verano, cuando está lleno, parece un fiordo improvisado entre las montañas). Se puede recorrer en barco durante los meses de verano. En el centro del embalse está la Isla de Cabeza de la Viña, una península que se convierte en isla cuando el agua está alta, con una central hidroeléctrica de principios del siglo XX que parece una villa toscana.

Para alojarse en la sierra, Cazorla es la población de referencia, con un casco histórico de calles empinadas, un castillo medieval en ruinas en lo alto y una plaza de Santa María con bares que en verano están llenos hasta la madrugada.

El aceite de oliva: la identidad de Jaén

No se puede hablar de Jaén sin hablar de aceite de oliva. La provincia produce más aceite de oliva virgen extra que toda Grecia junta. La variedad reina es la picual, una aceituna que da un aceite de color verde intenso, sabor afrutado con toques de tomatera e higuera, y un ligero picor final en la garganta que los entendidos llaman “amargor noble”.

Muchas almazaras ofrecen visitas con cata. La Almazara de la Hacienda Guzmán (Fuente de Piedra) y la Almazara Nobleza del Sur (Arjona) son dos buenas opciones. La visita incluye explicación del proceso de molturación, paseo por los olivares y cata guiada donde aprendes a distinguir variedades y defectos.

En noviembre y diciembre, durante la campaña de recogida, el paisaje se llena de vareadores — los operarios que hacen vibrar las ramas del olivo para que caiga la aceituna — y el aire huele a aceite fresco recién molturado. Si nunca has estado en Jaén en época de cosecha, es el momento de ir.

Cuándo visitar Jaén

Jaén funciona en todas las estaciones, pero cada una para un tipo de viaje distinto:

  • Otoño (octubre-noviembre): la mejor época para el aceite. Es la campaña de recogida y las almazaras están funcionando a pleno rendimiento. El paisaje tiene un color dorado particular.
  • Primavera (marzo-mayo): ideal para Úbeda y Baeza. El clima es perfecto para pasear y las terrazas empiezan a funcionar. Para Cazorla también es un buen momento, con los ríos crecidos por el deshielo.
  • Verano: muy caluroso en la capital y en las campiñas (se superan los 35°C con facilidad). Cazorla y la sierra son el refugio perfecto, con temperaturas suaves por la altitud y piscinas naturales en los ríos.
  • Invierno: frío en la sierra (nieva con frecuencia en Cazorla). Úbeda y Baeza en invierno tienen el encanto de las ciudades sin turistas, con la piedra dorada brillando bajo la luz baja.

Si estás organizando una ruta por Andalucía, combina Jaén con Granada (a una hora de las ciudades del Renacimiento) y Córdoba (a hora y media). Las guías de Sevilla y Málaga también te pueden interesar.

Preguntas frecuentes

¿Merece la pena Jaén si no me interesa especialmente el aceite de oliva? Sí. Úbeda y Baeza por sí solas justifican el viaje, y Cazorla es uno de los mejores destinos de naturaleza de Andalucía. El aceite es el contexto cultural y gastronómico, pero no hace falta ser un experto.

¿En qué orden visitar Úbeda y Baeza? Da igual, están a nueve kilómetros. Si pernoctas, Úbeda tiene más oferta de alojamiento y más vida nocturna. Baeza es más recogida pero igual de monumental.

¿Cuántos días necesito para Jaén provincia? Dos días para Úbeda y Baeza. Dos más para Cazorla. Un extra para la capital si te interesa la catedral y los baños árabes. Con cinco días completos cubres lo principal sin agobios.

¿Hay que pagar entrada en Úbeda y Baeza? La mayoría de los monumentos son de pago. La Sacra Capilla del Salvador (Úbeda), la Catedral de Baeza y el Aula de Machado tienen entrada. Los palacios y las plazas se ven desde fuera gratis. Hay bonos conjuntos que incluyen varios monumentos.