Úbeda y Baeza: Dos Joyas del Renacimiento en Jaén

Jaén Por Equipo Turismo Andalucía
Plaza Vázquez de Molina en Úbeda al atardecer

Úbeda y Baeza son la demostración de que en España no hace falta ir a Italia para ver Renacimiento de primer nivel. Separadas por nueve kilómetros, estas dos ciudades jienenses comparten desde 2003 la declaración de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, y concentran una cantidad de arquitectura renacentista que no se encuentra en ninguna otra ciudad española de su tamaño.

La culpa la tiene el siglo XVI, Carlos V, y dos secretarios reales ambiciosos —Francisco de los Cobos en Úbeda y su sobrino Juan Vázquez de Molina en Baeza— que usaron su influencia en la corte para traer a los mejores arquitectos del momento y convertir dos villas rurales en centros artísticos de primer orden. El resultado son dos cascos históricos perfectamente conservados que se recorren a pie y donde cada calle te coloca ante un palacio, una iglesia o una plaza que no esperas.

Úbeda: la ciudad de los palacios

La Plaza Vázquez de Molina es una de las plazas renacentistas más perfectas de Europa. Sobre un rectángulo irregular se alinean cuatro edificios monumentales que se construyeron en apenas medio siglo:

La Sacra Capilla del Salvador es la joya de la plaza. Francisco de los Cobos la encargó en 1540 como panteón familiar, y puso al frente del proyecto a Andrés de Vandelvira, el arquitecto más importante del Renacimiento andaluz. La fachada plateresca de la capilla es una exhibición de virtuosismo escultórico: columnas abalaustradas, hornacinas con santos, medallones con escenas mitológicas, y un friso con la escena de la Transfiguración de Cristo que da nombre al templo. Todo tallado en la piedra dorada característica de esta zona.

El interior está presidido por un retablo mayor de Alonso de Berruguete y una reja obra de Francisco de Villalpando, el mejor rejero del Renacimiento español. La entrada cuesta seis euros e incluye audioguía.

El Palacio de las Cadenas (actual ayuntamiento de Úbeda) está justo enfrente. La fachada es de Vandelvira también: un pórtico de columnas corintias exentas, una galería superior de arcos de medio punto, y dos torres en los extremos. Si te recuerda a los palacios florentinos, no es casualidad: Vandelvira conocía los tratados de arquitectura italiana y los adaptó al gusto local.

El Palacio del Deán Ortega, hoy Parador Nacional, cierra la plaza por el norte. Si puedes permitirte dormir aquí, es uno de los paradores con más solera de la red española: patio renacentista, columnas de piedra dorada, y la Sacra Capilla del Salvador a cincuenta metros de la ventana.

La Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares es el cuarto edificio de la plaza y el más antiguo (siglo XIII, ampliada en los siglos posteriores). Construida sobre una mezquita que a su vez se construyó sobre un templo romano, es un palimpsesto arquitectónico de ocho siglos de historia.

Otros puntos de Úbeda que no debes saltarte:

  • La Plaza del Primero de Mayo: el antiguo mercado medieval, porticado y con soportales de columnas de piedra. En los bares de los soportales se tapea la pipirrana (tomate, pimiento verde, cebolleta, huevo duro y aceite de oliva de la tierra).
  • El Palacio de las Cadenas y la Casa de las Torres: dos palacios señoriales en la calle Real que muestran la riqueza de la nobleza local en el siglo XVI.

Baeza: la elegancia de lo pequeño

Baeza es más recogida que Úbeda y su belleza es más sutil. Aquí no hay la espectacularidad de la plaza Vázquez de Molina, sino un conjunto de calles que conservan el trazado y la arquitectura del siglo XVI sin apenas intrusiones modernas.

La Plaza de Santa María es el centro monumental. La Catedral de la Natividad fue mezquita almohade hasta la conquista cristiana de 1227, pero su aspecto actual es renacentista con añadidos barrocos. Dentro se conserva una custodia de plata de más de dos metros, obra del orfebre Gaspar de Ledesma, que se expone en el museo catedralicio cuando no está en procesión.

La Fuente de Santa María y las Casas Consistoriales Altas completan la plaza. La fuente es renacentista con decoración que parece barroca por la profusión de elementos (atlantes, escudos, pináculos), y las casas consistoriales son un palacio plateresco con un balcón de esquina que es una pequeña obra maestra de la arquitectura civil.

Baeza tiene un pasado universitario que añade una capa distinta a la visita. La Universidad de Baeza funcionó entre los siglos XVI y XIX, y aquí dio clases de francés Antonio Machado entre 1912 y 1919. El Aula de Machado conserva el aula tal como estaba —con el pupitre del profesor, los bancos de madera, la estufa de hierro— y en la pared una pizarra con versos del poeta. La entrada cuesta un euro y medio y la visita dura lo que quieras: la celadora te deja a solas en el aula y puedes sentarte en los bancos donde Machado explicaba a Baudelaire.

La conexión con el aceite de oliva

No puedes salir de Úbeda o Baeza sin probar el aceite de oliva virgen extra de la variedad picual. Jaén produce una de cada cinco botellas de aceite de oliva del mundo, y aquí el aceite no es un ingrediente: es un patrimonio. Las tostadas de pan de pueblo con aceite y tomate rallado del desayuno, el aceite que se vierte en crudo sobre la pipirrana y las carnes a la brasa, incluso el aceite que se sirve en un vasito para mojar pan en los bares de tapeo — sí, en Jaén se bebe aceite, y cuando pruebas uno bueno entiendes por qué.

En Úbeda, la almazara Nobleza del Sur y la Hacienda Guzmán (a unos kilómetros de la ciudad) ofrecen visitas guiadas con cata. La experiencia consiste en caminar entre olivos centenarios, entender el proceso de molturación, y probar distintas variedades como si fuera una cata de vinos: picual, arbequina, hojiblanca.

Cuándo ir, dónde dormir, qué comer

Cuándo ir: la primavera y el otoño son perfectos. El invierno es frío pero con menos turistas. El verano puede ser muy caluroso en las horas centrales pero las mañanas y las tardes son agradables para pasear.

Dónde dormir: Úbeda tiene más oferta de alojamiento. El Parador es el más emblemático pero hay hoteles con encanto en palacios rehabilitados del casco histórico. Baeza es más pequeña y tiene menos oferta, pero alojarse allí es una experiencia más íntima.

Qué comer: la pipirrana, los andrajos (guiso de pasta con bacalao y pimiento), el lomo de orza, y el aceite en todas sus formas. Para tapear en Úbeda, la calle Real y los soportales de la plaza del Primero de Mayo. En Baeza, la calle San Francisco y los alrededores de la plaza del Pópulo.

Si estás organizando una ruta por Andalucía, combina esta visita con la guía completa de Jaén y los destinos cercanos de Granada y Córdoba.