La Gruta de las Maravillas: Belleza Subterránea

Huelva Por Redacción
Estalactitas en una cueva iluminada, similar a la Gruta de las Maravillas de Aracena

La Catedral Sumergida que Aguarda Bajo un Pueblo de la Sierra

Desde tiempos inmemoriales los hombres han sentido una extraña fascinación por las cuevas, mezcla de curiosidad y miedo, que ha superado los límites del tiempo llegando a nuestros días con la misma fuerza que hace miles de años.

En las grutas los hombres plasmaron sus primeras inquietudes artísticas, se refugiaron del frío, de los animales o realizaron sus rituales mágicos en el principio de la humanidad. Actualmente acudimos a ellas por el simple placer de recrearnos pero aún así al entrar en una cueva con sus proporciones catedralicias siempre nos sobrecogemos y conectamos con el humano que fuimos. En pocos lugares sentiremos esa sensación como en la Gruta de las Maravillas, en Aracena, el precioso pueblo enclavado en el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche en la provincia de Huelva. En pleno casco urbano de este típico pueblo serrano, cerca de la Plaza de San Pedro, en la calle Pozo de la Nieve se haya uno de los milagros geológicos más importantes de Andalucía, una gruta que no podría tener un nombre más apropiado que el de la Gruta de las Maravillas.

Un descubrimiento casual

La gruta se descubrió de manera fortuita a finales del siglo XIX. Cuentan que unos vecinos que buscaban agua en la zona —Aracena siempre fue lugar de manantiales y fuentes— abrieron un agujero en la roca y toparon con algo que jamás habrían imaginado: un mundo subterráneo de proporciones asombrosas. Fue en 1850, aunque no se abrió al público hasta 1914, convirtiéndose en la primera cueva turística de España.

Entrar en la Gruta de las Maravillas es como adentrarse en una catedral sumergida. La visita recorre un kilómetro largo de galerías iluminadas —unos mil doscientos metros—, pero la cueva se extiende mucho más, con más de dos kilómetros de pasadizos cartografiados bajo el pueblo de Aracena. Sí, has leído bien: debajo del casco urbano. Pocas cuevas en el mundo pueden presumir de estar justo bajo las casas de un pueblo habitado.

Doce salas que parecen doce mundos

El recorrido turístico atraviesa doce salas principales, cada una con un carácter distinto. La Sala de los Brillantes hace honor a su nombre: sus paredes están recubiertas de coladas calcíticas que brillan bajo la luz como si alguien hubiera vertido azúcar glass sobre la piedra. La Sala de las Conchas alberga formaciones que recuerdan a gigantescas valvas marinas. La Gran Sala de las Estalactitas, con columnas que van del suelo al techo fundiéndose en un solo cuerpo, es el punto culminante del recorrido.

Pero si hay algo que realmente deja sin palabras es el Lago de las Sultanas. Un lago subterráneo de aguas quietas, tan quietas y tan cristalinas que durante unos segundos dudas de dónde acaba la cueva y dónde empieza el reflejo. El efecto óptico es tan perfecto que parece que la sala se dobla sobre sí misma. No es grande —apenas veinte metros— pero la sensación de profundidad que crea es hipnótica.

Los espeleotemas son de una variedad abrumadora: estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas, gours, banderolas y excéntricas. Las excéntricas son formaciones que parecen desafiar la gravedad, creciendo hacia los lados y en todas direcciones como si las leyes de la física no aplicaran bajo tierra.

Un paseo con historia

La gruta no solo es geología. En su interior se han encontrado restos arqueológicos que hablan de ocupación humana desde el Neolítico. También hay pinturas rupestres esquemáticas en algunas zonas, testimonio de que aquellas gentes no solo habitaban las cuevas sino que las convertían en santuarios.

Una curiosidad que pocos conocen: durante la Guerra Civil la gruta sirvió de refugio para los vecinos de Aracena. El clima interior, constante todo el año (unos dieciséis grados), y la protección natural de la roca la convertían en el escondite perfecto.

La visita guiada dura aproximadamente cuarenta y cinco minutos y está perfectamente acondicionada. No es una cueva de aventura: el camino está pavimentado, hay barandillas y la iluminación artificial está diseñada para resaltar las formaciones sin dañarlas. Pueden visitarla niños y mayores sin problema, aunque conviene llevar algo de abrigo aunque fuera haga cuarenta grados. Ahí dentro siempre es otoño.

Aracena, mucho más que la gruta

Aprovechar la visita a la gruta para recorrer Aracena es de cajón. El castillo templario en ruinas que corona el pueblo, la iglesia prioral del siglo XVI y la plaza mayor porticada —una de las más bonitas de la sierra— merecen un paseo sin prisas. Si te gusta el jamón ibérico, estás en territorio sagrado: Aracena es la capital oficiosa de la Denominación de Origen Jabugo. En cualquiera de sus bares puedes tapear jamón de bellota que se deshace en la boca.

Si quieres planificar tu escapada, revisa nuestra guía de la provincia de Huelva con más rutas por la sierra, la costa y Doñana. Y si te atrae el senderismo, el GR-48 por Sierra Morena pasa muy cerca y es una forma estupenda de conocer la Andalucía más salvaje.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta la entrada a la Gruta de las Maravillas?

El precio ronda los diez euros para adultos y hay tarifas reducidas para niños, mayores y grupos. Es muy recomendable reservar con antelación, sobre todo en fines de semana y puentes, porque las plazas por pase son limitadas y se agotan rápido.

¿Es accesible para personas con movilidad reducida?

Parcialmente. La mayor parte del recorrido tiene un desnivel suave y suelo pavimentado, pero hay algún tramo con escaleras. Conviene consultar con la oficina de turismo de Aracena antes de ir para confirmar el estado actual de la accesibilidad.

¿Se pueden hacer fotos dentro de la gruta?

Sí, se permiten fotografías sin flash. El flash está prohibido porque altera el ecosistema de la cueva y favorece la aparición de algas en las formaciones calcíticas.