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Turismo en Andalucía. Vívelo

Imagenes de Andalucía. Una tierra para vivirla.

Turismo en Andalucía. Sueñalo

Imagenes de Andalucía. Una tierra para soñar.

Turismo en Andalucía. Sientelo

Imagenes de Andalucía. Una tierra para sentirla.

Turismo en Andalucía. Enamorate

Imagenes de Andalucía. Una tierra para enamorarse.

Turismo en Andalucía. Disfrútalo

Imagenes de Andalucía. Una tierra para disfrutarla.

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Turismo en Andalucía. Sueñalo

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Imagenes de Andalucía. Una tierra para soñar.

Las Iglesias Fernandinas de Córdoba. Las Iglesias de la Reconquista.

Después de reconquistada Córdoba en 1236 y fundada la capilla de San Clemente, luego de la consagración de la Mezquita en Catedral, el rey Fernando III el Santo fundó en Córdoba 14 parroquias, muchas de ellas sobre mezquitas con la idea de eliminar la influencia islámica y ayudar en la repoblación con cristianos viejos.

De algunas de ellas, porque de todas sería muy extenso, vamos a ocuparnos.

La Magdalena

Es la que ofrece carácter  más arcaico,  dentro de la transición románico-ojival. Cubierta  a final del siglo  XVIII de yesos y moldurones barrocos y bóvedas de caña, que ocultaron  casi por completo su estilo primitivo,  conserva, como todas las de su tiempo,  el estilo basilical orientado  a Levante y planta de tres naves terminadas en ábside, con bóvedas  y nervaduras.

La forma  primitiva  de La Magdalena  se observa bien por el exterior, donde se nota los ábsides poligonales  y especialmente  sus tres portadas,  muy interesantes, abocinadas, de arco apuntado y apoyadas sobre capiteles de decoración  románica.  La puerta principal que estaba tapiada se descubrió  en el año 1928. La torre de campanas fue mandada construir,  en el siglo XVIII,  por el obispo  don Antonio  Caballero  y Gongora. Actualmente y tras un devastador incendio en 1990 se ha convertido en salón de actos.

Santa Marina

Santa Marina es , tal vez, la iglesia de más sabor entre las de la Reconquista,  pues los cuatro contrafuertes  de su fachada principal le dan el aspecto  de fortaleza.

Las tres portadas que tiene Santa Marina son abocinadas, adornadas con nervaduras que se sostienen con medias  columnillas coronadas por capiteles  románicos. Lo mismo que las anteriores de esta misma época,  componen el interior tres  naves,  la central  más alta que las otras.

Merecen citarse el retablo de la Virgen del Rosario,  con pinturas de Antonio  del Castillo,  de las que sobresalen San Juan y San Pedro Alcántara. En la nave del Evangelio hay una buena pintura de la Titular, obra de fray Juan  del Santísimo  Sacramento,  fechada en 1678, y la Virgen de la Luz, una magnífica escultura  del cordobés  Gómez de Sandoval.

La Capilla  de los Orozco  presenta una bella portada con yeserías mudéjares del siglo XV e inscripción decorativa.  En ella están enterrados  los famosos comendadores  de Calatrava,  que inspirarán  a Lope de Vega su inmortal  obra " Los comendadores de Córdoba "

Últimamente  se ha hecho  en la parroquia de Santa Marina  de Aguas Santas una nueva restauración  que aumenta más  el interés  de esta iglesia.

REAL IGLESIA DE SAN PABLO

Fundada en 1241 para convento de dominicos; resultó  bastante desfigurada  en los siglos XVII y XVIII por varias adiciones que se le hicieron, pero la restauración efectuada a principios  del siglo pasado por el padre Pueyo- - que fue obispo e Pasto, en Colombia --, con la eficaz colaboración  del escultor cordobés  Mateo  Inurria, unida a la que se hizo hace pocos años, han dejado al descubierto todos los detalles del que podemos considerar  segundo templo de Córdoba,  después de la Catedral.

El lugar en el que esta  hoy la iglesia de San Pablo fue siempre emplazamiento de edificios importantes de la ciudad. Durante la dominación  romana parece parece ser  que estuvo en este lugar el Anfiteatro,  en cuyo  recinto sufrieron  martirio  muchos cristianos.  También  se ha dicho que en época  árabe,  ya en tiempos almohades, se alzaba en este lugar un gran palacio.

En la exclaustración  el convento quedó  abandonado,  pero continuó  el culto en la iglesia.  A finales del siglo XIX fue ocupado por la congregación  de Hijos del Corazón  de María,  que restauró  la iglesia y comenzó  la restauración  del convento  de estilo  mudéjar.

Tiene tres naves, la central  más  alta con artesonado de madera de estilo mudéjar y ábsides  con bóvedas  de nervadura. La portada más  interesante es , sin duda, la que está en la calle de San Pablo, abocinada y con capiteles de buena época  califal, como también  lo son otros que hay en el interior de los ábsides laterales. La portada principal, en la plaza de san Salvador, fue sustituida en varias ocasiones,  siendo la última en el año 1706, de estilo churrigueresco  con columnas  salomónicas.

De las capillas más  interesantes,  la llamada del rosario fue construida  en 1409, es de estilo  gótico  con bóveda de finas nervaduras, y en cada uno de sus ochos lados tiene un magnífico  rosetón  ojival. , el camarín , de estilo barroco y en mármol rojo, fue añadido en el siglo  XVIII . También  de buena factura es la capilla de la virgen del Pilar, de estilo mudéjar construida en el siglo  XIV, pero muy restaurada. Tiene alicatado y artesonados los zócalos  y el frontal y a los lados del altar hay cuatro tablas con los evangelistas.

En diversos altares y capillas guarda San Pablo esculturas de Pedro Duque Cornejo ( Santa Catalina de Siena y Santo Domingo). En el altar  de las Animas las pinturas son de Palomino y las representan a Santa Rosa, San Pedro  y San Pablo,  las únicas  conservadas de Pedro Antonio, discípulo  de Antonio del Castillo.

San Lorenzo

El popular  barrio  de San  Lorenzo  se llamó  durante  la dominación  musulmana  Rabad Munyat al Mugira;  en él nació el famoso  sabio cordobés  Ibn Hazm , al cual el ayuntamiento  de la ciudad erigió  una estela delante de la que fue  mezquita  de al-Mugira , que estaba en el lugar que hoy ocupa la parroquia  de San Lorenzo.

Desde su minarete, transformado  en campanario en 1555, podía  contemplarse el Shabular ( el camino) y la ciudad de al-Zahira.

La iglesia  de San  Lorenzo  sufrió  muchas  reformas.  Es , casi sin duda, la única con porche existente en Andalucía,  si bien éste es posterior,  o por lo menos el siglo XIV. Tiene  en su fachada un bellísimo rosetón,  formado en su conjunto por seis círculos,  de mayor a menor, que le sirven de marco, y y en su interior un rosetón  más  pequeño del que salen arcos apuntados que se entrelazan y se apoyan sobre pequeñas columnas.

Como todas las de su tiempo, la parroquia  de San  Lorenzo  es de transición  románico-ojival,  con planta de tres naves. El retablo mayor es del siglo XVII y sus pinturas representan pasajes  con la vida del santo titular. Detrás  del altar  mayor se conservan algunos frescos del siglo XV,  que ahora han quedado al descubierto al restaurarse la parroquia,  y el artesonado que está  bastante completo es de lacería mudéjar.

En la iglesia de San  Lorenzo  se venera  a la virgen e los Remedios,  por la que hay gran devoción  en Córdoba,  y de allí  salen procesionalmente las cofradías  del Santísimo  Cristo  el Remedio de las Animas, una impresionante talla el siglo  XVII , y Nuestra señora del Mayor Dolor. 

La Iglesia de San Andrés 

Fundada en el siglo XIII ha sufrido numerosas reformas sobre todo a mediados del siglo pasado.

A diferencia de la mayoría de iglesias fernandinas cuenta con dos tramos precediendo al ábside principal de la antigua edificación, antes todos cubiertos por bóvedas de tracería góticas que fueron tapadas posteriormente por bóvedas de arista.

La portada original de 1489 y situada en un lateral de la iglesia es una de sus puntos más destacados al igual que su torre renacentista, su altar mayor o el retablo renacentista que encontramos en el antiguo sagrario que se une a un importante patrimonio pictórico

La Iglesia de San Miguel 

Considerada BIC (Bien de Interés Cultural) y Monumento Artístico Nacional desde 1931 es una iglesia fernandina en la que vemos claramente la transición del románico al gótico ojival, aún siendo modificado su interior en el año 1749.

Con planta cuadrada e interior de tres naves, en el central disfrutamos de un artesonado sin crucero. En el lateral, y justo al lado de una de nuestros bares favoritos, observamos una curiosa puerta con arco de herradura, posiblemente de la época califal.



La Gruta de las Maravillas. Belleza Subterranea.

Desde tiempos inmemoriales los hombres han sentido una extraña fascinación por las cuevas, mezcla de curiosidad y miedo, que ha superado los límites del tiempo llegando a nuestros días con la misma fuerza que hace miles de años.

En las grutas los hombres plasmaron sus primeras inquietudes artísticas, se refugiaron del frío, de los animales o realizaron sus rituales mágicos en el principio de la humanidad. Actualmente acudimos a ellas por el simple placer de recrearnos pero aún así al entrar en una cueva con sus proporciones catedralicias siempre nos sobrecogemos y conectamos con el humano que fuimos.

En pocos lugares sentiremos esa sensación como en la Gruta de las Maravillas, en Aracena, el precioso pueblo enclavado en el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche en la provincia de Huelva. 

En pleno casco urbano de este típico pueblo serrano, cerca de la Plaza de San Pedro, en la calle Pozo de la Nieve se haya uno de los milagros geológicos más importantes de Andalucía, una gruta que no podría tener un nombre más apropiado que el de la Gruta de las Maravillas.

La tradición señala que fue descubierta por un pastor, y de lo que si estamos seguros es de que tenemos datos de la cueva ya a finales del siglo IXX. Unos años más tarde, en 1914 sería abierta, la primera en España en serlo, al público.

 El poder erosivo del agua sobre la roca caliza es el principal causante de esta cavidad freática por la que podremos adentrarnos recorriendo más de 1.200 ms. aunque la cueva en sí es mayor, superando los 2 kms. Veremos impresionantes estalactitas y estalagmistas, coladas, cortinas, etc... y unos bellisimos lagos que con sus extraordinarios y vivos colores formaran ilusiones opticas que no dejarán de sorprendernos como si estuvieramos en un espacio onírico e irreal.

 

Por un recorrido perfectamente señalizado iremos bajando y atravesando magníficas salas con todo tipo de formaciones diferentes, la Sala de las Conchas, el Salón del Gran Lago , el Salón de los Brillantes, el Salón de la Esmeralda, el de los Desnudos, a cada cual más apabullante en sus construcciones pétreas.

La piedra y el agua se unen formando una maravillosa construcción  creada tras miles de años en el para nosotros inconcebible tiempo geológico en en que un milímetro de formación toma forma tras años de constante goteo.

No dejaremos de maravillarnos con las fantásticas formaciones excéntricas, en formas de estrellas, explosiones, por los extrañísimos pisolitos, bolas calcáreas que encontramos en el fondo de los charcos de las cuevas, o las estalactitas, las que cuelgan, o estalagmitas que formadas por el incesante goteo, que desprende la calcita, forma fantásticas formas que en algunos casos se unen formando magníficas columnas que parecen labradas a conciencia por algún titánico cantero.

Caminaremos por galerías casi siempre cerca del agua que nos acompaña en todo el recorrido, tanto en forma de lagos como de "gours", charcos inundados, y los diferentes niveles harán que a veces perdamos la orientación lo que acompañado del ambiente hará que perdamos en un cierto sentido la noción de la realidad.


Sin duda un lugar maravilloso, visita imprescindible en la provincia de Huelva y que junto al bellísimo entorno que rodea a Aracena y a su inimitable oferta gastronómica hacen de la Gruta de las Maravillas uno de los principales activos de la bella provincia onubense.

La Alhambra, el Castillo Rojo.

Como Roma o Lisboa, Granada se alza también sobre siente colinas. Una de ellas es  la del Albaicín, la más antiguamente poblada de la ciudad.

Enfrente de esta, al otro lado del Darro, se eleva la que los musulmanes llamaron la Sabika, una colina de poblamiento incierto, aunque, sin duda, también remoto, pues es más que probable que en ella hubieran tenido un asentamiento  los fenicios.

En la cúspide de esta colina, que tiene a un lado el cerro del Sol y al otro la cumbre del Mauror, construyeron los árabes el monumento más suntuoso y exquisito de la arquitectura hispano musulmana, el qa'lat al-Hamra, el "Castillo Rojo", universalmente conocido como la Alhambra.

El iniciador de la Alhambra fue Muhammad I (1238-1273), apodado curiosamente el Rojo, al-Hamar, por el color de su pelo, fundador del reino nazarí de Granada. Alhamar reconstruyó la vieja fortaleza goda, al tiempo que edificaba un primer palacio que sería su residencia.

Algunos afirman que Alhamar era adicto al ocultismo y que dominaba la alquimia, gracias a la cual consiguió las inmensas sumas necesarias tanto para sus guerras como para sus construcciones. 

Esta acusación de ocultismo fue más insistente aún para uno de sus sucesores, Yusuf I, cuyas obras en la Alhambra fueron de bastante  mayor envergadura, para las que no pidió ni un dirham a sus súbditos.

Sea como fuere, tales acusaciones, si así puede llamárselas, constituyen la prueba de la aureola hermética que rodea a la Alhambra desde el comienzo mismo de sus primeras edificaciones y que muchos tratadistas estiman sustancial a lo largo del proceso constructivo.

 Las primeras impresiones que el visitante recibe nada más penetrar en el monumento es la de su increíble fragilidad. en este caso, sin embargo,  no se trata de un espejismo. En efecto, aunque en sus orígenes pudiera existir un propósito defensivo por parte de sus promotores, una de las singularidades más asombrosas de la Alhambra es la fragilidad de las distintas construcciones.

No se busque en el inmortal monumento muros de grandes sillares, piedras minuciosamente talladas y ensambladas, porque practicamente no existen.

Las fábricas que aquí se alzaron fueron de tapial y de argamasa. Las columnas parecen a punto de quebrarse, los arcos apenas tienen nada que sostener, las bovedas se encuentran a solo un tris de desprenderse y caer. Todo es frágil, sí, sutil, delicado, volátil y, no obstante, perdurable. Aunque por las almenas que coronan sus muros pueda parecer una fortaleza, se trata en realidad de una ciudad palatina, de vida intensa y, en mucha ocasiones, sumamente agitada.

En ella tenía su residencia el sultán, pero también los miembros principales del gobierno, los soldados de su guardia, el personal de la administración y toda una pléyade de artesanos que disponían dentro del cercado, de sus viviendas y de sus talleres. aunque la mayoría de los reyes nazaríes intervinieron en la edificación, tal y como ha llegado a nuestros días, la confiiguración de la Alhambra se debe, además de al citado Alhamar, a sus sucesores Yusuf I y Muhammad V, padre e hijo, y al emperador Carlos V.

A lo largo de los siglos, la Alhambra ha sufrido diversas vicisitudes, algunas de tal gravedad que pudieron abocarla incluso a su desaparicicón. Por suerte, tras la toma de la ciudad, los Reyes Católicos le otrorgaron la consideración de Casa Real, nombraron un alcaide y asignaron rentas para la reparación de las torres y la construcción de nuevos caminos de acceso.

Esta inquietud se mantuvo en los monarcas castellanos, hasta Felipe V, quien, además de suprimir la Alcaidía, se apoderó de los recursos habilitados parar la conservación de las edificaciones.

A partir del siglo XVIII, el abandono es casi total y en los privilegiados palacios, en las ocultas galerías, en la intimidad de los salones más ricos se alojan desde soldados inválidos a profesionales modestos, pasando por toda una chusma indeseable que no duda en instalar incluso tabernas en las salas más bellas y usar las pilas y las fuentes como baños.

A esta deporable incuria se añadió la ocupación de la ciudad por los franceses en 1810, quienes convirtieron el monumento en cuartel y, en 1812, no dudaron siquiera en volar parte del mismo.

Habrá que esperar hasta 1830 para que el Estado aporte los fondos necesarios para iniciar la restauración. en 1870, por fin, es declarado Monumento Nacional, título al que se añade el de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco, en 1984,

En el último siglo, los trabajos de restauración y mantenimiento han sido intensos, lográndose con ellos no solo salvar a la Alhambra de la ruina, sino devolverle su mejor imagen. 

La creación del Patronato e la Alhambra y el Generalife constituye la garantía de que esta imagen se mantendrá en el futuro.



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Textos Silvia Roba y AnayaTouring/VV.AA. 

La Mezquita de Córdoba. El Bosque de Columnas.

La Mezquita de Córdoba es uno de los monumentos más importantes de la arquitectura andalusí junto con la Alhambra de Granada.

Con 23.500 m2, fue la segunda mezquita más grande del mundo, por detrás de la Mezquita de la Meca, siendo sólo alcanzada posteriormente por la Mezquita Azul (Estambul, 1588).

Su importancia artística, ya desde su construcción, era conocida en todo el mundo. Posteriormente se le añadieron postizos en tiempos cristianos, especialmente en el siglo XVI, cuando se erigió el templo cristiano en estilo plateresco.

La edificación se prolongó once siglo
s, del siglo XIII al XIX. Por eso independientemente del hecho de que la Catedral fue construida en el interior de la Mezquita, se suceden diferentes estilos artísticos, es decir, la amalgama, la multiplicidad y, en cierto modo, el mestizaje.

En su época, la característica más llamativa de la Mezquita de Córdoba era su orientación.
Todas las mezquitas del mundo están orientadas hacia la Meca; ésta, en cambio, mira al sur.

La mezquita se fue construyendo por tramos rectangulares. El emir ABD al-Rahmán I ordenó la construcción del primer tramo.

Posteriores mandatarios llevaron a cabo sucesivas ampliaciones, hasta formar un edificio de 125 m de ancho por 175 m de largo.

Tras la conquista cristiana se construyo un primera capilla Mayor, que se consagró como Catedra, y en fecha más reciente se levanto, en medio de la edificación musulmana, la construcción catedralicia que hoy puede contemplarse.

La primera visión del interior del monumento resulta sobrecogedora: un mar inabarcable de columnas con dovelas de color royo y blanco y arcos de herradura de inspiración hispano-visigoda.
Dado que la profundidad de la Mezquita no permitía la llegada de la luz desde el patio, se construyeron cuatro lucernarios cubiertos con cúpula.

En el muro sur se sitúa el mihrab, pequeña capillita adosada al muro desde la que el imán dirigía la plegaría de los fieles.

Delante está la maqsura, cuyo espacio aparece acotado por el frente congráciles arcos de herradura entrecruzados, decorados con ataurique y entrelazados cor arcos poliobulados, en un increíble juego arquitectónico de absoluta belleza.

Sobre estos arcos se alzan tres de los lucernarios ya comentados, los cuales se cubren con preciosas cúpulas, siendo la central la más ricamente decorada.

Todo el conjunto presenta ornamentación vegetal, en su tiempo pintada en rojo y azul, y mosaicos realizados por artistas bizantinos enviados desde Constantinopla por el emperador Nicéforo Focas, quien, al efecto, reagaló además 320 quintales de teselas de pasta vítrea en diversos colores.

Esta es, sin duda, la zona de mayor riqueza decorativa de toda la Mezquita, cuya culminación se alcanza en el mihrab. Como en la maqsura, la decoración utiliza mosaico bizantino en oro y azul junto con atauriques tallados en mármol y se completa con inscripciones cúficas doradas que hacen referencia a la construcción.

Con Muhammad Ibn Abi amir ()44-1002), Almanzor, el califato de Córdoba llegó a su culminación.
La ciudad había crecido extraordinariamente y la Mezquita había vuelto a quedarse pequeña.
Almanzor dispuso una prolongación de la anchura en toda su lontitud por el lado este. Se añadieron ocho nuevas naves de columnas, con lo que el edificio casi dobló sus dimensiones, llegando a las diecinueve naves que ofrece en la actualidad.

Cierto es que ni las columnas tienen ya la fuerza de las preexistentes, ni los capiteles son tan perfectos ni tan hermosos, o que la alternancia de colores de los arcos de herradura ya no se consigue con el empleo del ladrillo y de la piedra, sino con la pintura. 

Pero basta echar una mirada al fondo del horizonte interior para descubrir la belleza de este nuevo rectángulo que completa este maravilloso edificio  declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad y uno de los lugares turísticos más visitados de España.


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Textos Silvia Roba y Anaya Touring/VV.AA.

La Alcazaba de Almería. La Gran Ciudadela.

Como una fiel guardiana de la bahía de Almería La Alcazaba vigila desde el cerro que domina la ciudad con el telón de fondo de las Sierras de Gadór y Alhamilla completando una irrepetible postal.

Cuando paseemos por Almería la veremos desde cualquier punto de la ciudad, con la sensación dominio que le viene dada no sólo por su magnífico enclave sino por ser la mayor de las alcazabas árabes de España.


Y si sorprendente es su visión desde la ciudad, aún más sorprendidos nos quedaremos cuando observemos las increíbles vistas de Almería desde esta soberbia atalaya que no podemos dejar de visitar.

Más de diez siglos lleva recortando su hermosa silueta en el cielo desde que fue mandada construir por Abderramán III en el año 955,  más tarde reformada por Almanzor y ya en el siglo XI terminada por Hayrán, el primero de los reyes de la taifa de Almería cuando llego a uno de los momentos de su máximo esplendor.
 

Sus más de 1.000 años hacen de este monumento un testigo privilegiado de la evolución de la ciudad y de su entorno debido a su altísimo grado de conservación y a que no ha sido invadido por construcciones modernas.

Aunque ahora nos parezca curioso su origen fue como defensa de la ciudad que en aquel momento era más importante, Pechina, pero debido a que Abderramán concedió a Almería la categoría de Medina y a la magnífica posición estratégica de la bahía se convirtió en la más importante de las Alcazabas árabes en al-Ándalus.


A la Alcazaba llegaremos tras subir por las estrechas callejuelas que unen el centro de la ciudad con el barrio de la Chanca, que antiguamente formaba el núcleo original de la ciudad, entrando dentro de la parte protegida por la muralla original.
 

Cuando llegamos nos sorprenderán sus sólidos muros de más de cinco metros de altura y sus impresionantes torres defensivas formando un recinto cerrado pero que conectaban  con las murallas que rodeaban a la medina y que podremos contemplar cuando entremos a la Alcazaba sorprendiéndonos por la gran magnitud de la construcción defensiva.

Tras haber subido paralelo a la muralla  llegaremos a la puerta principal de la fortaleza, abierta en una torre albarrana y que nos conduce a la Puerta de la Justicia por la que entraremos (Gratuitamente) al primero de los tres recintos que componen la fortaleza. Tres partes diferentes y diferenciadas, en la que dos son de origen musulmán y una última cristiana.


Ya no estaremos dando cuenta de la importantísima misión que tuvo la Alcazaba, ya que fue al mismo tiempo fortaleza, sede del gobierno, lugar donde estuvieron las primeras casas, la mezquita mayor, etc. No hay que olvidar que la fortaleza protegía el que en su tiempo fue el mayor puerto de al-Ándalus.

Nos sorprenderos por unos bellos jardines de ambiente árabes que si bien son modernos están perfectamente integrados en la construcción. Podremos sorprendernos observando la ciudad desde esta fantástico mirador y atravesando el patio podremos contemplar la no menos impresionante muralla del cerro de San Cristóbal.

El correr del agua por los estrechos canales, los suelos enchinados, las fuentes y la vegetación nos recuerdan ambientes árabes y si la visita es en verano agradeceremos el frescor que nos porporcionan.

Este amplio reciento fue el primero en ser construido y es donde se refugiaban la gentes en caso de ataque. Tiene varios aljibes y un pozo por el que los antiguos moradores subían el agua desde más de 70 metros. En un extremo se sitúa el Baluarte del Saliente. 


Más adelante pasaremos al segundo recinto. Tras pasar el pintoresco Muro de la Vela, que fue mandado a construir ya en época cristiana por Carlos III y tiene en su campanario desde 1763 la campana encargada de anunciar los hechos importantes de la ciudad, desde un fuego a un ataque, la llegada de un barco al puerto o el cierre de la fortaleza, muchos y diversos usos tuvo esa campana que tiene nombre, como las buenas campanas, y es Santa María de los Dolores, además tenía otra misión importantísima, anunciar los cambios de turno para el riego de la vega y que en una tierra como Almería son casi vitales.

El segundo recinto en su época de mayor gloria tuvo que ser bellísimo, ya que era la ciudad palaciega, donde estaba el Hamman, la mezquita, los aljibes, etc… pero debido a los terremotos y a una mala conservación son pocos los restos que podemos observan aunque son un importantísimo yacimiento arqueológico.

Aun así todavía podremos ver un aljibe del siglo X. Una obra de época cristiana como es la ermita mudéjar de San Juan (s. XVI), edificada con casi todas seguridad sobre la Mezquita, dos casas musulmanas que se recrearon sin mucha fidelidad en los años sesenta,  los restos de los baños públicos o el "Mirador de la Odalisca que es el resto de una torre del siglo XIII con una bonita leyenda.


Como no puede ser de otra manera la mejor conservada es la parte más moderna. La cristiana, con una reconocible hechura de castillo castellano al que se accede tras atravesar el puente levadizo y que  fue mandado construir por los Reyes Católicos tras la toma de la ciudad en 1489. Las nuevas necesidades defensivas hacen que el castillo sea muy diferente al resto de la Alcazaba y destaca su gran Torre del homenaje, lugar donde residían las personalidades cristianas y que actualmente es una sala de exposiciones. También muy bien conservadas la Torre de la Pólvora con algunas piezas de artillería antigua y la Torre de la Noria desde donde podremos tener de nuevo unas privilegiadas vistas sobre el Puerto de Almería y unas memorables puestas de sol.

Formando un todo con la Alcazaba están la Murallas del Cerro de San Cristóbal. Una impresionante sucesión de torres que conecta la fortaleza con un cerro secano donde varias torres forman una impresionante línea defensiva.


Entre ambos la Hoya, un territorio sin construcciones y en el que como curiosidad podremos observar el Centro de Recuperación de la Fauna Africana, lugar en el que se han salvado algunas especies de gacelas casi extinguidas en África.


Las Murallas del Cerro de San Cristóbal y la Alcazaba de Almería son desde el año 1931 Monumento Histórico Artístico como no podía ser de otra manera debido a su gran valor histórico y artístico.

Al contemplar el atardecer desde la Alcazaba, con sus bellísimas puestas de sol, en esa hora en la que parece que se detiene el tiempo es fácil imaginar  como fue la vida en la medina árabe transportándonos diez siglos en un viaje mágico que sólo puede pasar en una tierra con el encanto de Almería.



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Úbeda. Esplendor Renacentista.

”Úbeda, reina y gitana” Antonio Machado.

Hay algo distinto en Úbeda. Un halo, una bruma que le da a la ciudad un toque diferente. Que la hace más íntima, más profunda. 

Y ahí, entre la bruma que provoca la niebla del Guadalquivir a la hora del rocío surge una ciudad que impresiona a todo el que la conoce. Una ciudad espectacular  y mágica y que a veces abruma por la cantidad y belleza de sus edificios y paisajes. 

Úbeda es la piedra angular de la ruta del Renacimiento, y junto a ciudades como Baeza forma parte de un recorrido que tiene como hilo conductor este estilo artístico y las magníficas creaciones propiciadas  por los nobles mecenas del siglo XVI y llevadas a cabo por  artistas de la talla de Andrés de Vandelvira y Diego de Siloé por todo el territorio jienense.

Cuando paseamos por la Plaza Vázquez de Molina nos trasladaremos en un viaje mágico a la Italia del Cinquecento desde el mismo corazón de Andalucía. Es el corazón del centro histórico ubetense, el lugar donde el renacimiento alcanza sus más altas cuotas tanto en Andalucía como en España. 

Es totalmente inesperado encontrarnos con los nueve monumentos nacionales que se concentran a su alrededor, y sus amplias proporciones, su carácter abierto y sus numerosos puntos de vista no dejaran de sorprendernos aunque repitamos la visita diversos días y a diferentes hora. 

En ella se encuentran los edificios más emblemáticos del Renacimiento ubetense.

Presidiendo la plaza desde el sudeste encontramos la Sacra Capilla del Salvador del Mundo, (obra de Siloé y Vandelvira, cuya planta se basa en el Panteón de Roma, con un magnífico retablo de Berruguete), y que es el monumento funerario de uno de los mayores impulsores del esplendor de Úbeda (Francisco de los Cobos). No dejéis de preguntar por su historia porque es realmente increíble como una persona no destinada a ello llegó a ser secretario de Carlos I y Felipe II, teniendo unas cuotas de poder increíbles y que solo se comprende al ver su monumento funerario (Sin duda merece un post aparte).

La Capilla está  situada junto al Hospital de los Honrados y Venerables Viejos del Salvador, ya que antes el terreno pertenecía al Hospital,  y el Palacio de Juan Vázquez de Molina, más conocido como Casa de las Cadena, que es la sede del Ayuntamiento y que impacta por su sobriedad y elegancia.

Enfrente de este contemplamos la bellísima Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, con su curiosa forma al estar edificada sobre una antigua mezquita aljama, y que tras una dificilísima restauración luce actualmente en todo su esplendor. Como anécdota decir que al pasear por su claustro quizás te venga la idea de que lo conoces, y es que fue allí donde se rodaron partes importantes de la película Alatriste, que bien podría haber sido rodada en cualquier esquina de Úbeda, por el respeto que se ha tenido por la conservación del patrimonio histórico.

Junto a la Colegiata, la Cárcel del Obispo, y justo enfrente el magnífico Palacio del Deán Ortega, actual parador de Turismo.

Pasear por esta plaza, ver la Fuente Renacentista proveniente del Palacio de Francisco de los Cobos, que le fue  por el Senado veneciano te hace pensar a veces que estas en otra época, en otro tiempo.

Otra valiosa pieza del patrimonio ubetense es el imponente Hospital de Santiago, mandado construir por el obispo de Jaén, Diego de los Cobos, que fue concebido como hospital para enfermos pobres, palacio e iglesia-panteón de su fundador, con su preciosa torre coronada de azulejos, o su monumental escalera y, por sus excepcionales en el Renacimiento español, pinturas al fresco.

Al adentrarnos en la ciudad, entre sus serpenteantes calles de trazado medieval y recuerdos mozárabes, pasearemos junto a palacios de fachadas elegantes y patios columnados –imposible citar los nombres de todos– y blasonadas casonas señoriales edificadas con sólida piedra trabajada por expertos canteros.

Es Úbeda, junto a Baeza, uno de esos casos excepcionales en los se puede comprobar claramente, que al contrario de ciudades como Granada, su máximo esplendor llego tras la reconquista. El siglo XVI fue el siglo de Úbeda.

La antigua Ubbadat de los musulmanes, fundada por Abderramán II, se convirtió en uno de los principales focos de prosperidad en al-Andalus tras la conquista cristiana a manos de Fernando III, el Santo.

Su importante valor geoestratégico, determinante en este período de su historia. Su carácter fronterizo entre Granada y Castilla fomentó que los reyes castellanos le otorgaran numerosos privilegios y concesiones. 

Y aunque al andar por sus calles se observa claramente la herencia andalusí, el predominio de los edificios del siglo XVI es tan apabullante que a veces podemos pasar por alto sus bellos ejemplos de casa mudéjares.

Quizás donde más reconozcamos la herencia árabe sea en su famosísima producción de cerámica y alfarería (este año le ha sido concedido el premio nacional a uno de sus más famosos alfareros) o en la también muy reconocida elaboración artesanal del esparto.

En Úbeda lo pagano y lo religioso forman una curiosa simbiosis plasmada en las construcciones que la nobleza y el clero erigieron con ahínco, rivalizando en belleza y opulencia siempre con la herencia musulmana latente.

Aún sigue manteniéndose gran parte del recinto amurallado que rodeaba casi totalmente el centro de la población. De sus fuertes puertas se conservan la Puerta de Granada, la de Sabiote, también llamada del Losal  y la reconstruida Puerta de Santa Lucía o de Quesada.

Del mismo modo han perdurado algunas torres como la Torre del Reloj o la Torre Octogonal, la única albarrana del recinto.

Úbeda y Baeza son Patrimonio de la Humanidad desde el año 2003 al ser reconocidas como el más claro ejemplo del Renacimiento Humanista Español.

No debes dejar de ir a Úbeda en ninguna época del año pero hay que señalar que su Semana Santa ha sido declarada Fiesta de interés Turístico Nacional o que tiene un famoso Festival de Música y Danza entre Mayo y Junio. Ambas tienen el marco renacentista de su centro histórico como denominador común lo que hace que su encanto sea aún mayor.

Camina, piérdete por Úbeda, contempla sus maravillosos palacios, otea el paisaje desde sus miradores, siente la esencia andalusí en sus antiguas casa, y disfruta de este auténtico paraíso interior.

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