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Turismo en Andalucía. Vívelo

Imagenes de Andalucía. Una tierra para vivirla.

Turismo en Andalucía. Sueñalo

Imagenes de Andalucía. Una tierra para soñar.

Turismo en Andalucía. Sientelo

Imagenes de Andalucía. Una tierra para sentirla.

Turismo en Andalucía. Enamorate

Imagenes de Andalucía. Una tierra para enamorarse.

Turismo en Andalucía. Disfrútalo

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La Alhambra, el Castillo Rojo.

Como Roma o Lisboa, Granada se alza también sobre siente colinas. Una de ellas es  la del Albaicín, la más antiguamente poblada de la ciudad.

Enfrente de esta, al otro lado del Darro, se eleva la que los musulmanes llamaron la Sabika, una colina de poblamiento incierto, aunque, sin duda, también remoto, pues es más que probable que en ella hubieran tenido un asentamiento  los fenicios.

En la cúspide de esta colina, que tiene a un lado el cerro del Sol y al otro la cumbre del Mauror, construyeron los árabes el monumento más suntuoso y exquisito de la arquitectura hispano musulmana, el qa'lat al-Hamra, el "Castillo Rojo", universalmente conocido como la Alhambra.

El iniciador de la Alhambra fue Muhammad I (1238-1273), apodado curiosamente el Rojo, al-Hamar, por el color de su pelo, fundador del reino nazarí de Granada. Alhamar reconstruyó la vieja fortaleza goda, al tiempo que edificaba un primer palacio que sería su residencia.

Algunos afirman que Alhamar era adicto al ocultismo y que dominaba la alquimia, gracias a la cual consiguió las inmensas sumas necesarias tanto para sus guerras como para sus construcciones. 

Esta acusación de ocultismo fue más insistente aún para uno de sus sucesores, Yusuf I, cuyas obras en la Alhambra fueron de bastante  mayor envergadura, para las que no pidió ni un dirham a sus súbditos.

Sea como fuere, tales acusaciones, si así puede llamárselas, constituyen la prueba de la aureola hermética que rodea a la Alhambra desde el comienzo mismo de sus primeras edificaciones y que muchos tratadistas estiman sustancial a lo largo del proceso constructivo.

 Las primeras impresiones que el visitante recibe nada más penetrar en el monumento es la de su increíble fragilidad. en este caso, sin embargo,  no se trata de un espejismo. En efecto, aunque en sus orígenes pudiera existir un propósito defensivo por parte de sus promotores, una de las singularidades más asombrosas de la Alhambra es la fragilidad de las distintas construcciones.

No se busque en el inmortal monumento muros de grandes sillares, piedras minuciosamente talladas y ensambladas, porque practicamente no existen.

Las fábricas que aquí se alzaron fueron de tapial y de argamasa. Las columnas parecen a punto de quebrarse, los arcos apenas tienen nada que sostener, las bovedas se encuentran a solo un tris de desprenderse y caer. Todo es frágil, sí, sutil, delicado, volátil y, no obstante, perdurable. Aunque por las almenas que coronan sus muros pueda parecer una fortaleza, se trata en realidad de una ciudad palatina, de vida intensa y, en mucha ocasiones, sumamente agitada.

En ella tenía su residencia el sultán, pero también los miembros principales del gobierno, los soldados de su guardia, el personal de la administración y toda una pléyade de artesanos que disponían dentro del cercado, de sus viviendas y de sus talleres. aunque la mayoría de los reyes nazaríes intervinieron en la edificación, tal y como ha llegado a nuestros días, la confiiguración de la Alhambra se debe, además de al citado Alhamar, a sus sucesores Yusuf I y Muhammad V, padre e hijo, y al emperador Carlos V.

A lo largo de los siglos, la Alhambra ha sufrido diversas vicisitudes, algunas de tal gravedad que pudieron abocarla incluso a su desaparicicón. Por suerte, tras la toma de la ciudad, los Reyes Católicos le otrorgaron la consideración de Casa Real, nombraron un alcaide y asignaron rentas para la reparación de las torres y la construcción de nuevos caminos de acceso.

Esta inquietud se mantuvo en los monarcas castellanos, hasta Felipe V, quien, además de suprimir la Alcaidía, se apoderó de los recursos habilitados parar la conservación de las edificaciones.

A partir del siglo XVIII, el abandono es casi total y en los privilegiados palacios, en las ocultas galerías, en la intimidad de los salones más ricos se alojan desde soldados inválidos a profesionales modestos, pasando por toda una chusma indeseable que no duda en instalar incluso tabernas en las salas más bellas y usar las pilas y las fuentes como baños.

A esta deporable incuria se añadió la ocupación de la ciudad por los franceses en 1810, quienes convirtieron el monumento en cuartel y, en 1812, no dudaron siquiera en volar parte del mismo.

Habrá que esperar hasta 1830 para que el Estado aporte los fondos necesarios para iniciar la restauración. en 1870, por fin, es declarado Monumento Nacional, título al que se añade el de Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco, en 1984,

En el último siglo, los trabajos de restauración y mantenimiento han sido intensos, lográndose con ellos no solo salvar a la Alhambra de la ruina, sino devolverle su mejor imagen. 

La creación del Patronato e la Alhambra y el Generalife constituye la garantía de que esta imagen se mantendrá en el futuro.



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Textos Silvia Roba y AnayaTouring/VV.AA. 

La Mezquita de Córdoba. El Bosque de Columnas.

La Mezquita de Córdoba es uno de los monumentos más importantes de la arquitectura andalusí junto con la Alhambra de Granada.

Con 23.500 m2, fue la segunda mezquita más grande del mundo, por detrás de la Mezquita de la Meca, siendo sólo alcanzada posteriormente por la Mezquita Azul (Estambul, 1588).

Su importancia artística, ya desde su construcción, era conocida en todo el mundo. Posteriormente se le añadieron postizos en tiempos cristianos, especialmente en el siglo XVI, cuando se erigió el templo cristiano en estilo plateresco.

La edificación se prolongó once siglo
s, del siglo XIII al XIX. Por eso independientemente del hecho de que la Catedral fue construida en el interior de la Mezquita, se suceden diferentes estilos artísticos, es decir, la amalgama, la multiplicidad y, en cierto modo, el mestizaje.

En su época, la característica más llamativa de la Mezquita de Córdoba era su orientación.
Todas las mezquitas del mundo están orientadas hacia la Meca; ésta, en cambio, mira al sur.

La mezquita se fue construyendo por tramos rectangulares. El emir ABD al-Rahmán I ordenó la construcción del primer tramo.

Posteriores mandatarios llevaron a cabo sucesivas ampliaciones, hasta formar un edificio de 125 m de ancho por 175 m de largo.

Tras la conquista cristiana se construyo un primera capilla Mayor, que se consagró como Catedra, y en fecha más reciente se levanto, en medio de la edificación musulmana, la construcción catedralicia que hoy puede contemplarse.

La primera visión del interior del monumento resulta sobrecogedora: un mar inabarcable de columnas con dovelas de color royo y blanco y arcos de herradura de inspiración hispano-visigoda.
Dado que la profundidad de la Mezquita no permitía la llegada de la luz desde el patio, se construyeron cuatro lucernarios cubiertos con cúpula.

En el muro sur se sitúa el mihrab, pequeña capillita adosada al muro desde la que el imán dirigía la plegaría de los fieles.

Delante está la maqsura, cuyo espacio aparece acotado por el frente congráciles arcos de herradura entrecruzados, decorados con ataurique y entrelazados cor arcos poliobulados, en un increíble juego arquitectónico de absoluta belleza.

Sobre estos arcos se alzan tres de los lucernarios ya comentados, los cuales se cubren con preciosas cúpulas, siendo la central la más ricamente decorada.

Todo el conjunto presenta ornamentación vegetal, en su tiempo pintada en rojo y azul, y mosaicos realizados por artistas bizantinos enviados desde Constantinopla por el emperador Nicéforo Focas, quien, al efecto, reagaló además 320 quintales de teselas de pasta vítrea en diversos colores.

Esta es, sin duda, la zona de mayor riqueza decorativa de toda la Mezquita, cuya culminación se alcanza en el mihrab. Como en la maqsura, la decoración utiliza mosaico bizantino en oro y azul junto con atauriques tallados en mármol y se completa con inscripciones cúficas doradas que hacen referencia a la construcción.

Con Muhammad Ibn Abi amir ()44-1002), Almanzor, el califato de Córdoba llegó a su culminación.
La ciudad había crecido extraordinariamente y la Mezquita había vuelto a quedarse pequeña.
Almanzor dispuso una prolongación de la anchura en toda su lontitud por el lado este. Se añadieron ocho nuevas naves de columnas, con lo que el edificio casi dobló sus dimensiones, llegando a las diecinueve naves que ofrece en la actualidad.

Cierto es que ni las columnas tienen ya la fuerza de las preexistentes, ni los capiteles son tan perfectos ni tan hermosos, o que la alternancia de colores de los arcos de herradura ya no se consigue con el empleo del ladrillo y de la piedra, sino con la pintura. 

Pero basta echar una mirada al fondo del horizonte interior para descubrir la belleza de este nuevo rectángulo que completa este maravilloso edificio  declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad y uno de los lugares turísticos más visitados de España.


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Textos Silvia Roba y Anaya Touring/VV.AA.

La Alcazaba de Almería. La Gran Ciudadela.

Como una fiel guardiana de la bahía de Almería La Alcazaba vigila desde el cerro que domina la ciudad con el telón de fondo de las Sierras de Gadór y Alhamilla completando una irrepetible postal.

Cuando paseemos por Almería la veremos desde cualquier punto de la ciudad, con la sensación dominio que le viene dada no sólo por su magnífico enclave sino por ser la mayor de las alcazabas árabes de España.


Y si sorprendente es su visión desde la ciudad, aún más sorprendidos nos quedaremos cuando observemos las increíbles vistas de Almería desde esta soberbia atalaya que no podemos dejar de visitar.

Más de diez siglos lleva recortando su hermosa silueta en el cielo desde que fue mandada construir por Abderramán III en el año 955,  más tarde reformada por Almanzor y ya en el siglo XI terminada por Hayrán, el primero de los reyes de la taifa de Almería cuando llego a uno de los momentos de su máximo esplendor.
 

Sus más de 1.000 años hacen de este monumento un testigo privilegiado de la evolución de la ciudad y de su entorno debido a su altísimo grado de conservación y a que no ha sido invadido por construcciones modernas.

Aunque ahora nos parezca curioso su origen fue como defensa de la ciudad que en aquel momento era más importante, Pechina, pero debido a que Abderramán concedió a Almería la categoría de Medina y a la magnífica posición estratégica de la bahía se convirtió en la más importante de las Alcazabas árabes en al-Ándalus.


A la Alcazaba llegaremos tras subir por las estrechas callejuelas que unen el centro de la ciudad con el barrio de la Chanca, que antiguamente formaba el núcleo original de la ciudad, entrando dentro de la parte protegida por la muralla original.
 

Cuando llegamos nos sorprenderán sus sólidos muros de más de cinco metros de altura y sus impresionantes torres defensivas formando un recinto cerrado pero que conectaban  con las murallas que rodeaban a la medina y que podremos contemplar cuando entremos a la Alcazaba sorprendiéndonos por la gran magnitud de la construcción defensiva.

Tras haber subido paralelo a la muralla  llegaremos a la puerta principal de la fortaleza, abierta en una torre albarrana y que nos conduce a la Puerta de la Justicia por la que entraremos (Gratuitamente) al primero de los tres recintos que componen la fortaleza. Tres partes diferentes y diferenciadas, en la que dos son de origen musulmán y una última cristiana.


Ya no estaremos dando cuenta de la importantísima misión que tuvo la Alcazaba, ya que fue al mismo tiempo fortaleza, sede del gobierno, lugar donde estuvieron las primeras casas, la mezquita mayor, etc. No hay que olvidar que la fortaleza protegía el que en su tiempo fue el mayor puerto de al-Ándalus.

Nos sorprenderos por unos bellos jardines de ambiente árabes que si bien son modernos están perfectamente integrados en la construcción. Podremos sorprendernos observando la ciudad desde esta fantástico mirador y atravesando el patio podremos contemplar la no menos impresionante muralla del cerro de San Cristóbal.

El correr del agua por los estrechos canales, los suelos enchinados, las fuentes y la vegetación nos recuerdan ambientes árabes y si la visita es en verano agradeceremos el frescor que nos porporcionan.

Este amplio reciento fue el primero en ser construido y es donde se refugiaban la gentes en caso de ataque. Tiene varios aljibes y un pozo por el que los antiguos moradores subían el agua desde más de 70 metros. En un extremo se sitúa el Baluarte del Saliente. 


Más adelante pasaremos al segundo recinto. Tras pasar el pintoresco Muro de la Vela, que fue mandado a construir ya en época cristiana por Carlos III y tiene en su campanario desde 1763 la campana encargada de anunciar los hechos importantes de la ciudad, desde un fuego a un ataque, la llegada de un barco al puerto o el cierre de la fortaleza, muchos y diversos usos tuvo esa campana que tiene nombre, como las buenas campanas, y es Santa María de los Dolores, además tenía otra misión importantísima, anunciar los cambios de turno para el riego de la vega y que en una tierra como Almería son casi vitales.

El segundo recinto en su época de mayor gloria tuvo que ser bellísimo, ya que era la ciudad palaciega, donde estaba el Hamman, la mezquita, los aljibes, etc… pero debido a los terremotos y a una mala conservación son pocos los restos que podemos observan aunque son un importantísimo yacimiento arqueológico.

Aun así todavía podremos ver un aljibe del siglo X. Una obra de época cristiana como es la ermita mudéjar de San Juan (s. XVI), edificada con casi todas seguridad sobre la Mezquita, dos casas musulmanas que se recrearon sin mucha fidelidad en los años sesenta,  los restos de los baños públicos o el "Mirador de la Odalisca que es el resto de una torre del siglo XIII con una bonita leyenda.


Como no puede ser de otra manera la mejor conservada es la parte más moderna. La cristiana, con una reconocible hechura de castillo castellano al que se accede tras atravesar el puente levadizo y que  fue mandado construir por los Reyes Católicos tras la toma de la ciudad en 1489. Las nuevas necesidades defensivas hacen que el castillo sea muy diferente al resto de la Alcazaba y destaca su gran Torre del homenaje, lugar donde residían las personalidades cristianas y que actualmente es una sala de exposiciones. También muy bien conservadas la Torre de la Pólvora con algunas piezas de artillería antigua y la Torre de la Noria desde donde podremos tener de nuevo unas privilegiadas vistas sobre el Puerto de Almería y unas memorables puestas de sol.

Formando un todo con la Alcazaba están la Murallas del Cerro de San Cristóbal. Una impresionante sucesión de torres que conecta la fortaleza con un cerro secano donde varias torres forman una impresionante línea defensiva.


Entre ambos la Hoya, un territorio sin construcciones y en el que como curiosidad podremos observar el Centro de Recuperación de la Fauna Africana, lugar en el que se han salvado algunas especies de gacelas casi extinguidas en África.


Las Murallas del Cerro de San Cristóbal y la Alcazaba de Almería son desde el año 1931 Monumento Histórico Artístico como no podía ser de otra manera debido a su gran valor histórico y artístico.

Al contemplar el atardecer desde la Alcazaba, con sus bellísimas puestas de sol, en esa hora en la que parece que se detiene el tiempo es fácil imaginar  como fue la vida en la medina árabe transportándonos diez siglos en un viaje mágico que sólo puede pasar en una tierra con el encanto de Almería.



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Úbeda. Esplendor Renacentista.

”Úbeda, reina y gitana” Antonio Machado.

Hay algo distinto en Úbeda. Un halo, una bruma que le da a la ciudad un toque diferente. Que la hace más íntima, más profunda. 

Y ahí, entre la bruma que provoca la niebla del Guadalquivir a la hora del rocío surge una ciudad que impresiona a todo el que la conoce. Una ciudad espectacular  y mágica y que a veces abruma por la cantidad y belleza de sus edificios y paisajes. 

Úbeda es la piedra angular de la ruta del Renacimiento, y junto a ciudades como Baeza forma parte de un recorrido que tiene como hilo conductor este estilo artístico y las magníficas creaciones propiciadas  por los nobles mecenas del siglo XVI y llevadas a cabo por  artistas de la talla de Andrés de Vandelvira y Diego de Siloé por todo el territorio jienense.

Cuando paseamos por la Plaza Vázquez de Molina nos trasladaremos en un viaje mágico a la Italia del Cinquecento desde el mismo corazón de Andalucía. Es el corazón del centro histórico ubetense, el lugar donde el renacimiento alcanza sus más altas cuotas tanto en Andalucía como en España. 

Es totalmente inesperado encontrarnos con los nueve monumentos nacionales que se concentran a su alrededor, y sus amplias proporciones, su carácter abierto y sus numerosos puntos de vista no dejaran de sorprendernos aunque repitamos la visita diversos días y a diferentes hora. 

En ella se encuentran los edificios más emblemáticos del Renacimiento ubetense.

Presidiendo la plaza desde el sudeste encontramos la Sacra Capilla del Salvador del Mundo, (obra de Siloé y Vandelvira, cuya planta se basa en el Panteón de Roma, con un magnífico retablo de Berruguete), y que es el monumento funerario de uno de los mayores impulsores del esplendor de Úbeda (Francisco de los Cobos). No dejéis de preguntar por su historia porque es realmente increíble como una persona no destinada a ello llegó a ser secretario de Carlos I y Felipe II, teniendo unas cuotas de poder increíbles y que solo se comprende al ver su monumento funerario (Sin duda merece un post aparte).

La Capilla está  situada junto al Hospital de los Honrados y Venerables Viejos del Salvador, ya que antes el terreno pertenecía al Hospital,  y el Palacio de Juan Vázquez de Molina, más conocido como Casa de las Cadena, que es la sede del Ayuntamiento y que impacta por su sobriedad y elegancia.

Enfrente de este contemplamos la bellísima Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, con su curiosa forma al estar edificada sobre una antigua mezquita aljama, y que tras una dificilísima restauración luce actualmente en todo su esplendor. Como anécdota decir que al pasear por su claustro quizás te venga la idea de que lo conoces, y es que fue allí donde se rodaron partes importantes de la película Alatriste, que bien podría haber sido rodada en cualquier esquina de Úbeda, por el respeto que se ha tenido por la conservación del patrimonio histórico.

Junto a la Colegiata, la Cárcel del Obispo, y justo enfrente el magnífico Palacio del Deán Ortega, actual parador de Turismo.

Pasear por esta plaza, ver la Fuente Renacentista proveniente del Palacio de Francisco de los Cobos, que le fue  por el Senado veneciano te hace pensar a veces que estas en otra época, en otro tiempo.

Otra valiosa pieza del patrimonio ubetense es el imponente Hospital de Santiago, mandado construir por el obispo de Jaén, Diego de los Cobos, que fue concebido como hospital para enfermos pobres, palacio e iglesia-panteón de su fundador, con su preciosa torre coronada de azulejos, o su monumental escalera y, por sus excepcionales en el Renacimiento español, pinturas al fresco.

Al adentrarnos en la ciudad, entre sus serpenteantes calles de trazado medieval y recuerdos mozárabes, pasearemos junto a palacios de fachadas elegantes y patios columnados –imposible citar los nombres de todos– y blasonadas casonas señoriales edificadas con sólida piedra trabajada por expertos canteros.

Es Úbeda, junto a Baeza, uno de esos casos excepcionales en los se puede comprobar claramente, que al contrario de ciudades como Granada, su máximo esplendor llego tras la reconquista. El siglo XVI fue el siglo de Úbeda.

La antigua Ubbadat de los musulmanes, fundada por Abderramán II, se convirtió en uno de los principales focos de prosperidad en al-Andalus tras la conquista cristiana a manos de Fernando III, el Santo.

Su importante valor geoestratégico, determinante en este período de su historia. Su carácter fronterizo entre Granada y Castilla fomentó que los reyes castellanos le otorgaran numerosos privilegios y concesiones. 

Y aunque al andar por sus calles se observa claramente la herencia andalusí, el predominio de los edificios del siglo XVI es tan apabullante que a veces podemos pasar por alto sus bellos ejemplos de casa mudéjares.

Quizás donde más reconozcamos la herencia árabe sea en su famosísima producción de cerámica y alfarería (este año le ha sido concedido el premio nacional a uno de sus más famosos alfareros) o en la también muy reconocida elaboración artesanal del esparto.

En Úbeda lo pagano y lo religioso forman una curiosa simbiosis plasmada en las construcciones que la nobleza y el clero erigieron con ahínco, rivalizando en belleza y opulencia siempre con la herencia musulmana latente.

Aún sigue manteniéndose gran parte del recinto amurallado que rodeaba casi totalmente el centro de la población. De sus fuertes puertas se conservan la Puerta de Granada, la de Sabiote, también llamada del Losal  y la reconstruida Puerta de Santa Lucía o de Quesada.

Del mismo modo han perdurado algunas torres como la Torre del Reloj o la Torre Octogonal, la única albarrana del recinto.

Úbeda y Baeza son Patrimonio de la Humanidad desde el año 2003 al ser reconocidas como el más claro ejemplo del Renacimiento Humanista Español.

No debes dejar de ir a Úbeda en ninguna época del año pero hay que señalar que su Semana Santa ha sido declarada Fiesta de interés Turístico Nacional o que tiene un famoso Festival de Música y Danza entre Mayo y Junio. Ambas tienen el marco renacentista de su centro histórico como denominador común lo que hace que su encanto sea aún mayor.

Camina, piérdete por Úbeda, contempla sus maravillosos palacios, otea el paisaje desde sus miradores, siente la esencia andalusí en sus antiguas casa, y disfruta de este auténtico paraíso interior.

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El Generalife. La Huerta del Sultán.

Es verdad que al final de su estancia en Al-Andalus los sultanes tuvieron bastantes asuntos que resolver y necesitaban un lugar donde alejarse de sus problemas diarios, pero cuando se mandó construir el Generalife allá por el siglo XIII por el segundo sultán nazarí, Muhammad II todo les iba bastante bien, lo que nos da una clara idea de para que querían al Generalife. Como una finca de recreo, un lugar de esparcimiento y relajación.

El Generalife se construyó como una villa rural con huertos y jardines donde irían a meditar y pasear los sultanes y sus sequitos, y aunque los sultanes nazaríes tenían grandes almunias por todo Al-Ándalus está por su cercanía a la ciudad palatina sería la preferida de la mayoría de ellos.

Aunque su nombre proviene de Yannat al-Arif, La casa del alarife o arquitecto nos gusta más nombrarla como lo hacía el poeta visir al-Yayyab, que la nombraba como la Casa Real de la Felicidad (nombre bastante sugerente por otra parte). Y hay aún otro nombre que se utilizó “el más excelso jardín” que da clara muestra de lo que se pretendía y de lo que sin duda se consiguió.


A las afueras de las murallas de la Alhambra, en el Cerro del Sol, lo que ahora vemos como palacios increíbles fue en un tiempo utilizado como una explotación agrícola al mismo tiempo que lugar de recreo, llegando a tener hasta cuatro explotaciones agrícolas diferentes que aún hoy se siguen cultivando con métodos agrícolas tradicionales y todo gracias a estar irrigada por la Acequia del Rey que es la misma que dota de agua a la Alhambra.

El Generalife son muchas cosas, son patios, son palacios, son jardines, pero ante todo es una elegía al agua y su relación con la tierra y los edificios.


Un dato curioso es que solo había un pequeño camino que lo unía con la Alhambra que estaba destinado, por supuesto, al Sultán. Otro y quizás el que podríamos llamar el principal era por la Cuesta de los Chinos, al final del actual Paseo de los Tristes. Imaginamos que esto lo harían por mantener una cierta intimidad. Veían sus palacios muy cercanos pero un barranco los aislaba de ellos, hasta tal punto que Muhammad V, el gran reformador de la Alhambra se encontraba en el Generalife cuando le avisaron de un complot contra él lo que le permitió huir y volver más tarde a imponer su ley.

Actualmente todo ha cambiado, tanto los pabellones del jardín del estanque, que están totalmente restaurados, como el camino que lo une con la Alhambra, el Paseo de los Cipreses, que aunque parezcan que están desde siempre ahí, fueron sembrados en la década de los 30, y gracias a una sabia combinación de figuras arquitectónicas clásicas de la arquitectura granadina como los suelos de chinos, las fuentes, y los macizos de flores hacen que ahora estos jardines separados 700 años de la creación del Generalife sean totalmente indisociables de este monumento.
 

Como si de un espejo se tratara el Generalife refleja los Cármenes del Albaicín, con sus patios escalonados, con sus muros de contención al estar en una ladera como el Albaicín y sus paredes blancas haciendo que cada rincón nos sorprenda por su recogimiento consiguiendo un espacio íntimo en un gran jardín.

Indiscutiblemente su seña de identidad y mayor atractivo son los dos palacios separados por un patio recorrido con un hermosísimo estanque con surtidores que nos lleva directamente en un viaje en el tiempo si tenemos la suerte de pasear por este patio un día en el que no haya una excesiva afluencia.

Accediendo desde la Alhambra llegaremos al patio del Apeadero o de las Caballerizas, con un banco que servía de ayuda en la descabalgadura. Tras atravesar la puerta donde estaba la guardia subiremos una empinada escalera y llegaremos al Patio de la Acequia.

El Patio de la Acequia es quizás el más bonito y famoso, y se corresponde al típico patio andaluz, de forma cuadrada y origen persa. En este caso no es totalmente cuadrado, y se cree que se hizo más alargado por aumentar el tamaño y belleza de su estanque. Aunque también lo condiciono el terreno ya que por este patio pasa la Acequia Real (se ve en un lateral) que lleva el agua a todos los recintos que componen el Generalife, con sus huertos y jardines y la Alhambra.

Bueno y aquí una decepción para mucha gente, aunque no resta nada de su belleza original. Los espectaculares surtidores que cruzan sus chorros de agua y que tanta veces han sido la imagen romántica de estos palacios fueron añadidos en el siglo XIX.

No hay que olvidar que el Generalife fue pensado como una villa de relax y descanso, con labores agrícolas. Y que aunque tras este patio llegamos a la Sala Regia o Salón Regio con sus típicas yeserías con un impresionante techo de madera todo el conjunto estaba pensado como un sitio modesto. Para palacios suntuosos tenían la Alhambra.

En el Generalife buscaban los sultanes intimidad y es por ello que su belleza nazca de la simplicidad y no de la monumentalidad.


Avanzaremos hacia el Patio del Ciprés de la Sultana, el patio donde la esposa de Boabdil tenía, según la leyenda, sus encuentros con su enamorado, que por otro lado era pariente de su marido. Precioso patio que conserva toda la esencia del monumento, aunque parece ser que antiguamente en este lugar se encontraba el hammam del palacio que fue demolido por los nuevos propietarios moriscos para ocultar su pasado islámico. 

Y una muestra más del ingenio árabe nos espera a continuación con la Escalera del Agua. Ingeniosa solución que encontraron los arquitectos para hacer que circulara el agua de la Acequia Real, llevándola por los pasamanos a través de unas tejas, haciendo que se pueda sortear la pendiente a través de una escalera a la vez que no se interrumpe el flujo del agua. Una vez más y como en todo el recinto se hace de la necesidad virtud.

Por esta escalera llegaremos a un mirador romántico decimonónico que se construyo sobre un oratorio musulmán y tras él a Paso de las Adelfas donde podremos observar un singular espécimen botánico de gran importancia, el arrayán morisco que él junto al arrayan común la planta más característica de la Alhambra.

Podríamos seguir hablando y detallando todos los rincones de este increíble palacio, Patrimonio de la Humanidad desde 1984, pero el Generalife, como la Alhambra, como Granada, más que una arquitectura increíble es un sentimiento que no debes dejar de experimentar.



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El GR-48. Paseos por Sierra Morena

Cuando pensamos en turismo en Andalucía normalmente las imágenes que se nos vienen a la cabeza son playas, monumentos y folclore. Pero hay otra manera de descubrir  Andalucía. La Andalucía más profunda. Un tipo de viaje que asociamos al norte y a las montañas del centro o de los Pirineos.

Desde hace muy poco tiempo podemos pasear por Sierra Morena, gracias a una increíble ruta que une más de 500 Kms. en la maravillosa serranía andaluza.

Esos símbolos que vemos pintados en piedras o postes ahora cobran sentido al saber que tras una labor encomiable se han unido caminos hasta ahora intransitables señalados con unas franjas rojas y blancas que simbolizan que andamos por una GR, una Gran Ruta.


El GR-48 es uno de los recorridos más grandes que podemos hacer en Andalucía, un  espacio continuo no solo en cuanto al medio natural sino al patrimonial y al histórico que recorre todo el norte de la comunidad uniendo las comarcas septentrionales de Jaén, Córdoba, Sevilla y Huelva. 

Este sendero posibilita al viajero recorrer y conocer hasta seis parque naturales. En Huelva, La Sierra de Aracena y Picos de Aroche. En Sevilla la Sierra Norte; en Córdoba Hornachuelos y Sierra de Cardeña-Montoro y por último en Jaén Sierra de Andújar y Despeñaperros.

A lo largo de nuestro recorrido tendremos oportunidad de ver grandes mamíferos como el jabalí o el ciervo. En los ríos Múrtigas y Sillo podremos ver nutrias y en las dehesas es fácil ver zorros y meloncillos, y también es posible encontrar peces endémicos de estos parajes como los barbos o la boga del Guadiana, o el jarabugo y el calandino. Veremos innumerables especies de aves,  águilas, cernícalos o el bonito y esquivo alimoche. Por no citar las manadas de cerdos ibéricos que veremos en nuestro transitar por las dehesas.
 

La espina dorsal que forman estos parques representan un espacio con interesantísimos valores faunísticos que garantizan la conexión de la fauna en toda la zona al actuar como corredor ecológico.

La mitificada y literaria Sierra Morena, que tantas páginas de la literatura romántica ha llenado, con sus historias de bandoleros y que tantas veces ha sido pintada en todo tipo escenas se le presenta al caminante como un resumen de la Andalucía más profunda y bien conservada.
 

La arquitectura popular de los pueblos andaluces y el típico bosque mediterráneo acompañan al el trazado de los senderos que discurren por paisajes  de una increíble belleza.
El GR-48 es la unión de diversos itinerarios de diversas índoles que han tenido una importancia crucial en el pasado.
 

Empezaremos las etapas en la frontera con Portugal donde al trazado coincide en su mayoría con caminos contrabandistas, pasaremos por los preciosos pueblos de Cumbres Mayores o Hinojales donde podremos ver lo poco del románico que hay en Andalucía. 

Caminaremos por el firme desmantelado del antiguo ferrocarril minero.


Veremos multitud de antiguos molinos hidráulicos y aceiteros tanto árabes como cristianos ya en desuso y que antaño molieron el grano para transformarlo en harina con la fuerza motriz del agua  cerca de Arroyomolinos de León, en la rivera del Hierro o en las proximidades de Hornachuelos sin olvidar los molinos hidráulicos del Guadalquivir a su paso por Montoro.


Encontraremos gracias a que ha sido una zona fronteriza y estratégicamente situada entre los reinos cristianos y musulmanes abundantes fortalezas, castillos y torres vigías. Fantásticos ejemplos se encuentran en Cumbres de San Bartolomé, Cumbres Mayores, Cala y Santa Olalla de Cala. En la Torre de la Cabrilla cerca de Posadas y como no los castillos de Almodóvar y Obejo.

Cruzaremos puentes romanos de piedra increíblemente conservados o por pavimentos empedrados como en Montero y pasearemos por cascos históricos de increíble belleza y como anclados en el tiempo con su aire de reminiscencias árabes.
 

Un sinfín de elementos, todos ellos conectados por una red de caminos y vías pecuarias con solera. El trabajo realizado ha sido grande y difícil pero se han conseguido unir los más de 550 km. que en su día fueron utilizados por ganaderos trashumantes  y arrieros para desplazarse por el norte de Andalucía.

A lo largo de sus 580 km. el sendero sigue con fidelidad el trazado de la sierra salvo alguna incursión en el valle del Guadalquivir. En treinta etapas perfectamente marcadas que empiezan y terminan en localidades que han adecuado su oferta turística a tal empresa.


Atravesando media docena de espacios naturales protegidos que componen una de las reservas de la biosfera más extensas de nuestro país, y más de treinta pueblos, algunos de ellos declarados conjuntos artísticos por sus barrios medievales y sus edificios históricos.

Y todo ello con una perfecta señalización hecha por la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada recorreremos las maravillosas montañas que separan el sur de España de la Meseta Castellana.

Un camino que ha dado valor a rutas ancestrales promocionando un turismo sostenible y aumentado las posibilidades de negocios locales.

Los extensos paisajes de alcornoques, encinas de Sierra Morena harán que nos reencontremos con la naturaleza y otra forma de vivir, con otra de las muchas maneras que hay de disfrutar Andalucía.




Si necesitais una información completa y detallada no podeis dejar de entrar en la web http://senderogr48.sierramorena.com/ una fantástica web con toda la información que necesitais para el recorrido.