Úbeda: Esplendor Renacentista
Cuando un Secretario de Carlos I Convirtió su Pueblo en Obra Maestra
«Úbeda, reina y gitana.» — Antonio Machado
Hay algo distinto en Úbeda. Un halo, una bruma que le da a la ciudad un toque diferente, más íntimo, más profundo. Entre la niebla que el Guadalquivir levanta a la hora del rocío surge una ciudad que impresiona a todo el que la conoce: espectacular y mágica, a veces abrumadora por la cantidad y belleza de sus edificios y paisajes.
Úbeda es la piedra angular de la ruta del Renacimiento andaluz. Junto a Baeza forma parte de un recorrido que tiene como hilo conductor este estilo artístico y las creaciones que los nobles mecenas del siglo XVI encargaron a artistas como Andrés de Vandelvira y Diego de Siloé.
La plaza Vázquez de Molina: el corazón del Renacimiento
Cuando paseas por la plaza Vázquez de Molina te trasladas en un viaje mágico a la Italia del Cinquecento desde el mismo corazón de Andalucía. Es el centro del casco histórico ubetense, donde el Renacimiento alcanza sus más altas cotas en España.
Nueve monumentos nacionales se concentran a su alrededor. Sus amplias proporciones, su carácter abierto y sus numerosos puntos de vista no dejan de sorprenderte aunque la visites varios días y a distintas horas.
Presidiendo la plaza desde el sureste está la Sacra Capilla del Salvador del Mundo, obra de Siloé y Vandelvira, con planta basada en el Panteón de Roma y un magnífico retablo de Berruguete. Es el monumento funerario de Francisco de los Cobos, uno de los mayores impulsores del esplendor de Úbeda. Su historia es increíble: alguien que no estaba destinado a ello llegó a ser secretario de Carlos I y de Felipe II, con cuotas de poder que solo se comprenden al ver su monumento funerario.
Junto a la Capilla está el Hospital de los Honrados Viejos del Salvador y el Palacio de Juan Vázquez de Molina —más conocido como Casa de las Cadenas—, sede del Ayuntamiento, que impacta por su sobriedad y elegancia.
Enfrente se contempla la Colegiata de Santa María de los Reales Alcázares, edificada sobre una antigua mezquita aljama. Tras una dificilísima restauración luce en todo su esplendor. Si al pasear por su claustro te suena de algo es porque aquí se rodaron escenas de la película Alatriste, que bien podría haberse rodado en cualquier esquina de Úbeda por el respeto con que se ha conservado el patrimonio.
Junto a la Colegiata, la Cárcel del Obispo, y enfrente el magnífico Palacio del Deán Ortega, actual Parador de Turismo. La fuente renacentista de la plaza, regalo del Senado veneciano a Francisco de los Cobos, te hace pensar a veces que estás en otra época.
Más joyas: el Hospital de Santiago
Otra pieza imprescindible es el imponente Hospital de Santiago, mandado construir por el obispo Diego de los Cobos como hospital para enfermos pobres, palacio e iglesia-panteón. Su torre coronada de azulejos, la monumental escalera y las excepcionales pinturas al fresco lo convierten en una de las cumbres del Renacimiento español.
Al adentrarte en la ciudad, entre calles de trazado medieval con recuerdos mozárabes, paseas junto a palacios de fachadas elegantes, patios columnados y blasonadas casonas señoriales de sólida piedra trabajada por canteros expertos.
Del esplendor andalusí al Renacimiento
Úbeda, junto a Baeza, es uno de esos casos excepcionales en que el máximo esplendor llegó tras la Reconquista, al contrario de ciudades como Granada. El siglo XVI fue el siglo de Úbeda.
La antigua Ubbadat de los musulmanes, fundada por Abderramán II, se convirtió en uno de los principales focos de prosperidad de al-Ándalus tras la conquista de Fernando III el Santo. Su carácter fronterizo entre Granada y Castilla hizo que los reyes castellanos le otorgaran numerosos privilegios.
Aunque al andar por sus calles se observa la herencia andalusí, el predominio de los edificios del siglo XVI es tan apabullante que a veces se pasan por alto los bellos ejemplos de casas mudéjares. Quizás donde más se reconoce esa herencia es en su famosísima cerámica y alfarería —hace poco concedieron el premio nacional a uno de sus alfareros más conocidos— o en la elaboración artesanal del esparto.
Se conserva gran parte del recinto amurallado, con la Puerta de Granada, la del Sabiote y la reconstruida Puerta de Santa Lucía. También han perdurado la Torre del Reloj y la Torre Octogonal, la única albarrana del recinto.
Úbeda y Baeza son Patrimonio de la Humanidad desde 2003, reconocidas como el más claro ejemplo del Renacimiento Humanista español.
Camina, piérdete por Úbeda, contempla sus palacios, otea el paisaje desde sus miradores y disfruta de este auténtico paraíso interior.
Si quieres seguir explorando la provincia, consulta nuestra guía completa de Jaén. Y si el Renacimiento te interesa, no te pierdas Baeza, a apenas quince minutos en coche.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto tiempo se necesita para ver Úbeda?
Un día completo es ideal para recorrer la plaza Vázquez de Molina y el Hospital de Santiago con calma. Si quieres ver también Baeza —que está a nueve kilómetros—, lo mejor son dos días.
¿Merece la pena el Parador de Úbeda?
Sí. El Parador ocupa el Palacio del Deán Ortega, un edificio renacentista del siglo XVI en plena plaza Vázquez de Molina. Dormir allí es hacerlo dentro de un monumento.
¿Por qué hay tanto Renacimiento en Úbeda y no tanto arte islámico?
Porque a diferencia de ciudades como Granada, el máximo esplendor de Úbeda llegó tras la Reconquista cristiana. El siglo XVI, con mecenas como Francisco de los Cobos —secretario de Carlos I—, fue el verdadero siglo de oro ubetense.