La Torre del Oro: ¿Parece de Oro, es de Oro o Tiene el Oro?
Tres Cuerpos, Doce Lados y un Nombre que Nadie Sabe Explicar
Cuando uno contempla la postal de Sevilla desde Triana, en el margen izquierdo del Guadalquivir destaca una torre que dispara la imaginación. ¿Para qué se construyó? ¿Por qué la llamamos Torre del Oro? Tres preguntas bastan para empezar a desenredar siglos de historia, leyendas y milagros.
Junto a la Real Maestranza, con una altura cercana a los cuarenta metros, se alza esta hermosísima torre albarrana que antaño defendía Sevilla de los enemigos que llegaban por el río. Fueron muchos y de muy diversa procedencia: todavía hoy sorprende recordar que los vikingos remontaban el Guadalquivir con sus naves para atacar la ciudad.
El enigma del nombre
A día de hoy no se sabe exactamente de dónde proviene el nombre. Durante mucho tiempo se pensó que estaba recubierta de azulejos dorados que, al brillar con el sol, hacían parecer que era de oro. Hay una base: en la parte superior aún quedan azulejos de ese color. Pero la parte cilíndrica superior se construyó en el siglo XVIII, así que no puede ser el motivo original.
Otros apuntan a que estaba cubierta por una capa de cal y paja prensada que le daba ese color característico, aún más al reflejarse en el río. Y hay una tercera hipótesis: la torre, que ha servido de bastión defensivo, iglesia y prisión, también pudo custodiar parte del oro de Sevilla gracias a su fortaleza y posición privilegiada.
Al final, lo importante es que ha llegado hasta nosotros en un magnífico estado de conservación, a pesar de que desde el principio de su existencia ha sufrido constantes embates.
Tres cuerpos, doce lados y un viento
La primera parte, dodecágona, fue mandada construir hacia 1220 por el gobernador almohade de Sevilla y alcanza unos veinte metros. La segunda, también dodecágona pero más pequeña, la añadió Pedro I en el siglo XIV. Y la tercera, cilíndrica, es del siglo XVIII, como ya dijimos.
La forma de doce lados resulta tan extraña para el mundo árabe que ha dado pie a la hipótesis más poética: la Torre del Oro sería una interpretación musulmana del tema clásico de la «torre de los vientos», con cada lado orientado a un viento diferente.
Siempre ha estado envuelta en leyendas. Una de las más persistentes dice que una gruesa cadena unía esta torre con la Torre de la Fortaleza, en Triana, para impedir el paso de barcos enemigos. Basta ver el escudo de Santander o de Cantabria —los primeros conquistadores cristianos fueron cántabros, a las órdenes de Fernando III— para intuir que la leyenda tiene alguna base, aunque la ciencia la rechace. Lo seguro es que la unía una muralla con la Torre de la Plata, hoy casi desaparecida.
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A punto de desaparecer
La torre ha sobrevivido de milagro. Su demolición se propuso varias veces: tras el terremoto de Lisboa, cuando quedó muy dañada, o durante la Revolución de 1868, cuando se desmanteló la muralla y se puso en venta. En cada ocasión fue el propio pueblo sevillano el que, con protestas —incluso ante el rey—, impidió que la torre sufriera daño alguno. Y en todos los casos consiguieron darle la vuelta al proceso y obtener permisos y dinero para su restauración.
Desde 1936 alberga un museo marítimo donde se pueden ver instrumentos antiguos, grabados y documentos históricos sobre la relación de Sevilla con su río y, por tanto, con el mar.
Ahora, cuando estés mirando este monumento, recuerda que puedes imaginar una historia. Y que esa historia puede ser la más verdadera.
Preguntas frecuentes
¿Se puede subir a la Torre del Oro?
Sí. La visita al Museo Marítimo incluye el acceso a la azotea superior, desde donde hay unas vistas preciosas del Guadalquivir y Triana. La entrada cuesta unos pocos euros y los lunes suele ser gratuita.
¿Por qué tiene forma de doce lados?
No hay certeza absoluta, pero la teoría más extendida es que se trata de una interpretación almohade de la clásica «torre de los vientos», con cada uno de los doce lados orientado a un viento distinto.
¿Estaba realmente cubierta de oro?
No. Las hipótesis más serias apuntan a que el brillo dorado provenía de una mezcla de cal y paja prensada que, reflejada en el río, producía ese efecto. Los azulejos dorados de la parte superior se añadieron en el siglo XVIII.